Si le pidieran elegir entre unos ojos pardos y unos azules, ¿cuáles elegiría?. La gobernadora de Arizona, Jan Brewer, y su asesor el senador republicano Russell Pearce, impulsores de ley del estado de Arizona SB1070, han escogido los ojos azules, los ojos pardos les sugieren incertidumbre, miedo y delincuencia.
La gobernadora Brewer, con el apoyo de de la Asociación de Policías de la capital de Arizona, Phoenix, ha ordenado detener a cualquier persona sobre la que recaiga alguna sospecha razonable. Si usted es inmigrante y al caérsele un lápiz agacha la vista delante de un policía, podría ser un sospechoso razonable, y si, por casualidad no lleva la green card, puede ser expulsado del país. La señora Brewer vulgariza su intelecto queriendo quedar como la gobernadora elegante, saca a luz la triple KKK.
Pero no sólo el miedo se ha adueñado de los inmigrantes, si usted es empleado del gobierno y no denuncia la existencia de un ilegal, puede ir a la cárcel durante 4 meses, es más, puede demandar a su ciudad si considera que la ley no se está aplicando; todo un entramado de cómplices.
De tal manera que un indocumentado no se atreverá a solicitar un servicio médico de urgencia, o una ayuda de estudios para su hijo nacido en Norteamérica. Es la jerarquización, la división social de arriba y abajo. La más pura lucha de clases.
Barack Obama ha dicho que la ley es una medida equivocada, se queda uno atónito con tal argumento, aunque los demócratas estén queriendo legalizar a los inmigrantes que paguen sus impuestos y lleven una vida normal, la tarea es dura porque en Estados Unidos hay unos 11 millones de ilegales.
Tejas, queriéndose unir a la Ley Arizona nos trae otros recuerdos: El uso de la fuerza, la ventaja del poder y la ignorancia del Imperio sobre la existencia de otros países a los que sigue considerando extraños y pintorescos, con seres humanos exóticos y distintos.
La inconsistencia intelectual de Brewer y Russell radica en globalizar los delitos individuales, creando una estadistica criminal sobre el inmigrante y, haciéndoles únicos culpables de sus destinos y de su propia tragedia. Brewer disfraza su verdad que no es otra que una visión particularista negativa del mundo burgués: Yo, aquí, Tú, allá.
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